Sergio trabaja en una oficina en el centro de Murcia. Sus zapatos son muy viejos y tienen un agujero. Hoy, después del trabajo, va a una zapatería.
La dependienta es amable.
—Hola, buenas tardes. ¿Puedo ayudarle?
—Sí, busco unos zapatos negros para el trabajo.
—¿Qué número tiene?
—El cuarenta y tres.
La dependienta trae tres pares. Los primeros son bonitos, pero muy caros: ciento veinte euros. Los segundos son baratos, pero incómodos. Sergio se prueba los terceros. Son de piel, cómodos y elegantes.
—¿Cuánto cuestan estos?
—Setenta euros. Hoy tienen un descuento del veinte por ciento.
—¡Perfecto! Me los llevo.
Sergio paga cincuenta y seis euros. Sale de la tienda con los zapatos nuevos puestos. Los viejos van a la basura.