Es domingo por la tarde. Marina y su hermano Álex pasean por el casco antiguo de Toledo. Hace frío y están cansados. Entran en una cafetería pequeña y bonita, cerca de la catedral. Se sientan en una mesa al lado de la ventana.
El camarero llega con la carta.
—Buenas tardes. ¿Qué van a tomar?
—Para mí, un chocolate caliente con churros, por favor —dice Marina.
—Yo quiero un café con leche y una tarta de queso —dice Álex.
—¿Algo más?
—Sí, dos vasos de agua, por favor.
El chocolate está muy caliente y muy espeso. Los churros están crujientes. Álex prueba un churro de su hermana. «¡Qué rico!», dice.
Al final, Marina pide la cuenta. Son once euros con cincuenta. Álex deja un euro de propina.