De lunes a viernes, en casa de la familia Ortega, en Valencia, el desayuno es muy rápido. Todos toman un café o un vaso de leche y salen corriendo.
Pero el domingo es diferente. Nadie tiene prisa. Nos levantamos a las diez y desayunamos juntos en la terraza. Mi padre va a la panadería y compra pan recién hecho y unos cruasanes. Mi madre prepara zumo de naranja natural, porque en Valencia las naranjas son muy buenas.
En la mesa hay pan con tomate y aceite de oliva, queso, jamón y fruta. Mi hermano pequeño solo come galletas con chocolate. Yo prefiero el pan con tomate.
Desayunamos durante una hora. Hablamos, reímos y leemos el periódico. Para mí, es el mejor momento de la semana.